Risa Rebelde: Don Evaristo

Don Evaristo Corral y Chancleta. Todos conocemos o al menos, hemos oído hablar de este personaje. Su nombre inolvidable resuena en la memoria colectiva; sin embrago, ¿sabemos quién fue realmente? Las nuevas generaciones lo recordamos más por la caricatura del gordito bonachón y bigotón que daba mensajes positivos, trasmitido como propaganda del Municipio de Quito en los 90´s. Los más jóvenes ni siquiera lo reconocen.

El hombre detrás del personaje fue Ernesto Albán Mosquera, ambateño que dedicó al arte más de 50 de sus 72 años de vida. Surgió en los tablados a principios de la década de los 30, en momentos en que aparecía el cine parlante que amenazaba con liquidar al teatro. Por tanto, desde sus inicios, Ernesto Albán surge como sinónimo de resistencia. Creó al insigne personaje que lo acompañó toda su vida de actor, motivado por la influencia que ejercía, en ese entonces, el cómico Charles Chaplín y el jocoso  libro “Estampas de mi Ciudad” del ecuatoriano Alfonso García Muñoz, quien caricaturizaba las costumbres de la época.

Una vestimenta gastada, un saco viejo carcomido por los años, un pantalón negro con rayas, que debieron ser blancas, hacían al personaje. Con don Evaristo el teatro de élite que predominaba en la ciudad se trasformó, volcándose hacia los barrios y las calles. El personaje en sí mismo, simboliza al típico hombre de clase media, empleado público, un deudor permanente medio bohemio.

Su voz sirvió de contrapunto indispensable para las desgracias de la vida cotidiana de nuestro país. Albán supo plasmar la realidad política que aquejaba; llevó su mensaje por todos los caminos del Ecuador, no con lamentaciones sino con humor. A través de sus textos cómicos, la intención costumbrista con la que nació se transformó en una desaprensiva bufonada política, una censura con valentía y precisión de los errores de los regímenes de turno.

La risa fue el instrumento de resistencia que caracterizó a este teatro. La carcajada fue el modo de devolver el golpe a los males y evidenciar lo ridículo del poder. Con la ironía se demuestra que las dolencias sociales no nos han vencido.

Es importante conocer a este tipo de personajes populares porque la expresión artística es una fuente de conocimiento histórico, ya que constituye testimonio indispensable y singular del acontecer  social;  al tiempo que puede ser un elemento transformador.

Ahora conociendo un poco de su legado, seguro no pasará desapercibido el Don Evaristo -en una figura de bronce- que acompaña sentado a los transeúntes de la Plaza del Teatro: niños, jubilados, vendedores entre otros.

Para tener un acercamiento aquí podrás encontrar el guión de una de las Estampas.

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